
Un martes cualquiera, la cadena de suministro de una fábrica de calzado colapsa porque el río que abastece sus procesos industriales alcanzó niveles críticos de sequía. ¿Qué es lo que pasa ante un suceso como este? Por supuesto, ante un escenario de esta magnitud, lo más seguro es que se comience a generar pánico. Al menos, es lo que me parece más lógico a mí. Bueno, ya que se trata de una empresa, dejarse llevar por el pánico no es una solución. La verdadera solución y la clave para la supervivencia empresarial radica en comprender que ninguna organización opera sin generar afectaciones. Las decisiones que una empresa toma día con día generan un impacto directo en el entorno, y ese mismo entorno puede asfixiar las operaciones si no se gestiona con responsabilidad. Precisamente aquí es donde entra en juego la administración verde.
Lejos de ser una simple tendencia que funcione para elevar las ventas de una empresa (que para algunas empresas ese es el único motivo de sumarse a la tendencia), dominar este concepto se ha convertido en un pilar fundamental para la competitividad. A continuación, te voy a hablar sobre el por qué ignorar esto es el camino más rápido hacia la obsolescencia.
¿Qué es la administración verde?
Una definición de administración verde que podemos llegar a encontrar en los diferentes libros es la siguiente: «Forma de administración en la que los gerentes consideran el efecto de su organización sobre el medio ambiente» (p. 97). Cabe destacar que esta definición es de los autores Stephen P. Robbins y Mary Coulter.
Esta definición implica que las organizaciones tienen que cambiar la mentalidad con la que día a día toman sus decisiones. Tienen que tener en cuenta que los recursos del planeta son finitos y por lo tanto, cada paso que da una empresa provoca un efecto dominó ineludible.
Todas las decisiones que toman, desde elegir un tipo de plástico más barato para envolver productos, hasta dejar las luces encendidas de un almacén toda la noche por un descuido, todo genera una consecuencia. De tal forma que la administración verde exige que las empresas asuman la responsabilidad económica y ética de esos impactos, en lugar de pasarle la factura a la sociedad.
Por lo tanto, la administración verde consiste en llevar a cabo la administración de una empresa, pero teniendo en cuenta el impacto que sus acciones tiene en el entorno. De tal forma que va a buscar reducir el impacto negativo que sus operaciones generan al planeta.
¿Cuál es la importancia de la administración verde en los negocios actuales?
Bueno, la verdad es que este es un concepto muy bonito y todo, pero la verdad es que hay algunas empresas que van a preguntarse lo siguiente… ¿Esto por qué me importa? Después de todo, una empresa común piensa muchas veces en términos monetarios. Para algunas empresas no se trata de lo mucho que puedan dañar o no al planeta, sino de lo mucho que sus bolsillos pueden llenarse.
Por lo cual es completamente normal preguntarse por qué a una junta directiva debería importarle el bienestar social o el impacto ambiental más allá de simplemente cumplir con la ley (para evitar multas). Bueno, la respuesta es que les debe de importar por la viabilidad financiera.
Dejando de lado lo importante que es para la sociedad, su importancia principal es que garantiza que un negocio pueda seguir existiendo mañana, alineando sus metas económicas con lo que la sociedad exige y con los recursos que realmente hay disponibles en la naturaleza.
Después de todo, una empresa logra generar beneficios económicos mediante algo muy simple: convierte insumos y materias primas en un producto, el cual venden a un precio mayor que lo que les costo crearlo. ¿Qué pasa entonces si ya no quedan recursos que transformar?
Si ese caso llega a darse, la empresa ya no podrá continuar con sus operaciones y ya no podrá continuar ganando dinero a largo plazo. Creo que ese escenario no es bueno ni para las empresas, ni para la sociedad. Por lo cual, si desean seguir ganando dinero más allá de 50 o 100 años, tienen que pensar en mitigar el daño que sus decisiones hacen al medio ambiente y a la sociedad.
Los 4 enfoques de la administración verde
Pedir que los cambios se realicen de la noche a la mañana es algo imposible, especialmente para las empresas grandes. Por lo cual, es necesario un proceso de cambio que permita llevar a la empresa de la mano hacia una transición que dé como resultado operaciones verdaderamente sustentables.
Por lo tanto, se trata de un proceso de maduración gradual. Para entender cómo las organizaciones adoptan esta responsabilidad operativa, los diferentes autores han creado modelos. Un modelo que podemos encontrar es el que nos plantean Stephen P. Robbins y Mary Coulter.
Este modelo, conocido como los «tonos de verde», nos ayuda a clasificar el nivel de compromiso ambiental y ético de una empresa, dividiéndolo en cuatro posturas que van desde la simple obligación impuesta por las diferentes leyes, hasta el activismo corporativo puro.
Los 4 tonos o enfoques que puede tomar una empresa según este modelo son los siguientes:
1. Enfoque legal
Podemos decir que este enfoque o nivel es el más básico del modelo y se conoce como el enfoque legal, o «verde claro». En esta etapa, la administración tiene que hacer estrictamente y únicamente lo que dicta la ley para evitar multas, litigios o clausuras.
Es decir, se enfocan en lo mínimo posible que tienen que cumplir para evitar problemas y por ende no existe una convicción real de fondo. Si una planta química instala membranas de filtración en sus tuberías de desagüe únicamente porque el gobierno local acaba de aprobar un nuevo límite de contaminantes, está operando bajo este esquema.
Por lo cual, la organización cumple con su obligación social mínima y mantiene sus puertas abiertas, pero su sensibilidad ambiental es prácticamente nula. De tal forma que si la ley fuera derogada mañana, los filtros desaparecerían al día siguiente sin mayor remordimiento.
2. Enfoque de mercado
Como hemos podido observar en nuestro entorno, las personas (clientes) han comenzado a pedir productos que tengan en cuenta el cuidado del medio ambiente y de la sociedad. Por lo cual, a medida que la presión aumenta, las organizaciones suelen evolucionar hacia un enfoque de mercado.
Esto quiere decir que la empresa se vuelve repentinamente mucho más sensible a las cuestiones ecológicas, pero lo que impulsa este cambio no suele ser la ética, sino la cartera del cliente. Después de todo, no hay que olvidar nunca que el mercado manda.
Te voy a poner un ejemplo de esto y tal vez podrás pensar en una empresa que hace esto: si los consumidores de una marca de cosméticos comienzan a boicotear los envases de plástico de un solo uso, la empresa destinará recursos de manera casi inmediata para desarrollar empaques biodegradables. De tal forma que la sustentabilidad, en este contexto, es una respuesta táctica directa a las preferencias comerciales para no perder cuota de mercado.
En pocas palabras se trata de un lo hago para que no dejes de comprarme o para que me compres más.
3. Enfoque de las partes interesadas
Considero que antes de comenzar a explicar este tercer enfoque, en primer lugar hay que explicar lo que son las partes interesadas o stakeholders. En pocas palabras, se refiere a todos aquellos elementos del entorno que tienen un interés en lo que la organización hace o que son influenciados significativamente por ella. Podemos dividir a las partes interesadas en dos:
- Externos: Clientes, proveedores, competidores, sindicatos, gobiernos, medios de comunicación, comunidades locales y grupos de acción social y política.
- Internos: Empleados y accionistas.
Ya que tenemos claro lo que son las partes interesadas, ahora será más fácil entender a lo que se refiere este tercer enfoque. ¿cierto? Bueno, en este enfoque la organización deja de mirar de forma exclusiva a sus clientes directos y comienza a escuchar a los stakeholders.
En pocas palabras, la empresa comienza a trabajar para cumplir las demandas ambientales de múltiples grupos, como empleados, proveedores o la comunidad local.
Por ejemplo, Hewlett-Packard, aplica programas ambientales en su cadena de suministro (proveedores), en el diseño y reciclado de productos (clientes y sociedad) y en sus operaciones de trabajo (empleados y comunidad).
4. Enfoque activista
El último enfoque del que tenemos que hablar es el enfoque activista, el cual también catalogado como «verde oscuro». Este nivel representa el estándar más elevado de responsabilidad social y sensibilidad ambiental al que puede llegar a aspirar una organización.
Aquí, la empres u organización no se va a limitar a reaccionar a las presiones externas, sino que ella misma va a buscar activamente formas de proteger y preservar los recursos naturales del planeta. No es porque sea una obligación o una forma de llenar sus bolsillos, sino que quiere hacerlo.
La empresa hace lo correcto por el medio ambiente simplemente porque considera que tiene la responsabilidad ética de hacerlo.
¿Cómo se evalúa la administración verde?
Para poder saber si una empresa está cumpliendo con sus compromisos de administración verde, existen algunos mecanismos internacionales. Algunos son los siguientes:
- Informes basados en la Global Reporting Initiative (GRI): Muchas empresas (alrededor de 1,500 en todo el mundo) emiten informes de manera completamente voluntaria en los cuales muestran su desempeño ambiental. En estos informes cada empresa muestra de manera transparente la forma en la que ésta impacta el ambiente, la economía y la sociedad.
- Certificación ISO 14000: Una de las formas más comunes en que las empresas demuestran su compromiso es buscando el cumplimiento de los estándares de la Organización Internacional para la Estandarización (ISO). Como ya sabras, este tipo de certificaciones se hacen para muchas cosas y para obtener la certificación ISO 14000 (administración ambiental), la empresa debe desarrollar un sistema de administración total que le permita minimizar sus efectos negativos sobre el entorno y mejorar continuamente su desempeño ambiental.
Ahora bien, si hablamos de un nivel interno, la evaluación se integra en la función de control del proceso administrativo, donde los gerentes dan seguimiento y evalúan el rendimiento real frente a los objetivos de sustentabilidad establecidos en la planeación.
La administración verde es un modelo de gestión corporativa en el que los directivos asumen la responsabilidad del impacto que sus operaciones generan en el medio ambiente y la sociedad. Consiste en reconocer que los recursos naturales son finitos y buscan integrar prácticas sustentables en todas las áreas del negocio para garantizar su viabilidad a largo plazo.
Las empresas adoptan este modelo a través de cuatro niveles o «tonos de verde»:
1. Enfoque legal (verde claro): Cumplir únicamente con las leyes ambientales para evitar multas.
2. Enfoque de mercado: Adaptar procesos sustentables solo si los clientes lo exigen.
3. Enfoque de partes interesadas: Responder a las demandas ecológicas y sociales de empleados, proveedores, la comunidad, etc.
4. Enfoque activista (verde oscuro): Integrar la protección de los recursos naturales y humanos como el objetivo principal del negocio.
El nivel de sustentabilidad de una organización se evalúa mediante estándares internacionales y auditorías rigurosas. Las herramientas más utilizadas incluyen los reportes de la Global Reporting Initiative (GRI), que exigen transparencia en el impacto operativo, y la certificación ISO 14000, que avala la implementación de sistemas eficientes de gestión ambiental y mejora continua.
Su importancia radica en que alinea el éxito económico con el bienestar social y ecológico, previniendo la escasez de recursos y la fuga de talento. Una administración responsable va más allá de la eficiencia operativa (ahorrar costos); busca un camino ético, fomentando la innovación interna y asegurando la supervivencia financiera de la empresa frente a las crisis globales.
Bibliografía
- Robbins, S. P., & Coulter, M. (2010). Administración (10.ª ed.). Pearson Educación.


